viernes, 24 de diciembre de 2010

Relatos NEV 2 / Adoptados.

La clave para hablar con Ángel seguía siendo un misterio. Nuria, su madre adoptiva, se pasaba las noches en vela imaginando la cruel infancia del pobre chico. Había preguntado y buscado respuestas, pero nadie sabía sobre el infierno de Ángel. Solo él sabía lo que había sufrido. Nuria lo ansiaba saber porque no era capaz de comunicarse con él, excepto para lo básico. Podía darle de comer, peinarlo, vestirle e incluso sacarle a dar un paseo; pero bañarlo era increíblemente complicado, desvestirle ya lo ponía histérico, no podía tampoco cortarle el pelo, ni si quiera ver unas tijeras, y verlo dormir era imposible. Muchas noches el niño despertaba gritando, ella iba a consolarlo; ese era el único momento en que podía abrazarlo. Aunque lo peor seguía siendo que no hablaba nunca.

Las únicas palabras que podía escuchar de él eran cosas como 'agua', 'hambre' o 'duele'. Aquellas secuelas tan duras contrastaban con su angelical rostro, su blanca piel, su cabello rubio y liso, y sus verdes ojos. Fue por esa tierna belleza que Nuria lo llamó Ángel.

El primer día que lo vio, estaba en la camilla de un hospital. Tenía los ojos cerrados y una mueca extraña en su rostro, casi de felicidad. Quizás fuera porque ese día por fin abandonó su soledad. Según dijo la policía, alguien lo abandonó en el bosque lejos de donde fuera que hubiese vivido. Por suerte no estaba desnutrido, pero era evidente que su estado no era bueno. Lo más sórdido era saber que tenía signos evidentes de abusos y maltrato que debió de haber padecido durante años.

Algo, quizás, más escalofriante para Nuria era el enigma sobre la identidad del chico. No había pista de sus padres ni de su procedencia. Habían pasado dos años y ella seguía sin información. Lo único positivo en esos dos años fue poder dejarlo solo con Golfo, perro que su hermana Sandra les regaló poco después de llegar Ángel a su vida. Pero Nuria tardó mucho en tener el valor suficiente para dejarlo solo con Golfo en la casa.

Por fin tuvo el valor para dejarlo solo, se aseguró de que estaría bien y aprovechó para quedar con Alicia una fría tarde de invierno. Se trataba de una amiga de la universidad, hija de un alto mando del ejército, que también había adoptado un niño. Nevaba muy fuerte y era difícil conducir por la carretera. En el paisaje se dibujaba una línea verde que formaban los innumerables pinos y algún arbusto que otro, también se podía ver a un ciervo, de pelaje anaranjado, brincar por un bosque. Pronto divisó el gran ventanal tan característico de la casa de Alicia. Bajó del coche y la saludó cuando su amiga salió al jardín. Corriendo, fueron a abrazarse.

Ambas, bien abrigadas, pisaron la nieve y el césped artificial hasta entrar al vestíbulo. Allí estaba él, el niño que adoptó su amiga. Se llamaba Damián, y era la primera vez que Nuria lo veía.

El chico, debía de ser de la misma edad que Ángel. También asustaba el parecido que tenía con él, la piel igual de pálida, los brazos igual de delgados, y el pelo igual de rubio y brillante, aunque mucho más corto. Sus ojos también eran verdes, pero su mirada distinta. Iba vestido aún con el uniforme del colegio y muy educadamente se acercó a saludarla.

-Hola. -Dijo. A Nuria le pareció la misma voz que la de Ángel. -Yo soy Damián, encantado de conocerte.

-¡Encantada, guapetón! -Respondió ella con dos besos.

Ellas fueron a la cocina para tomar una taza de chocolate caliente, mientras Damián jugaba encerrado en su habitación. Al principio solo hablaron de los viejos tiempos, lo cierto es que hacía años que no se veían, y de lo agotador que es trabajar para el gobierno. No tardaron en hablar de sus hijos.

-¿Averiguaste algo sobre el pasado de Ángel? -Nuria preguntó aquello porque Alicia estaba al tanto de su ímpetu por saber sobre el chico, llevarían años sin estar cara a cara pero eran unas buenas amigas que se mantenían en contacto. Alicia suspiró después de darle un sorbo a su chocolate, sonrió de manera extraña.

-Te llamé precisamente por esto Nuria. Y también si he vuelto a la casa de mis padres, es porque voy a vivir aquí. -Dijo echando atrás su melena castaña. Nuria no dijo nada, solo abrió un poco la boca sorprendida e intrigada. -Cuando fisgaste en los archivos de tu departamento, descargaste todos los documentos que encajaban con la descripción de Ángel... Pensaste que me mandabas cinco fichas, pero eran seis. El sexto archivo estaba oculto, guardado con un formato que nunca antes había visto. Lo detecté por casualidad gracias al ordenador de mi ex-novio...

-¿Y? -Inquirió Nuria.

-¿Te hablé sobre el pasado de Damián? -Preguntó Alicia. Nuria asintió. -Pues es todo mentira. -La mano que sujetaba su taza temblaba y la voz se le rompía. -¡Incluso las cosas que Damián me ha contado!

-¡No entiendo nada! Dime qué es lo que sabes. -Ambas estaban exaltadas y nerviosas, aunque Alicia se mostraba también triste. -¡Dímelo!

-¡Nada de lo que sé de Damián es verdad! ¡Nada! -Lágrimas caían por el rostro de Alicia e intentaba desahogarse sin alzar demasiado la voz. -Él también desapareció, estaba su foto y la de Ángel en ese archivo. ¡En la misma ficha de desaparecidos!

-¿Cómo?

-¡Tu hijo y el mío son hermanos gemelos! -Dijo Alicia. Nuria se llevo la mano a la boca. -Damián... ahora me da miedo. -Tenía la voz rota y la mirada clavada en la taza. Su amiga la abrazó como pudo, ella aún no daba crédito.

Segundos después el hombro de Nuria estaba húmedo por las lágrimas de su amiga. Seguían abrazadas. Levantó la vista y en la puerta de la cocina vio de pie la inquietante y firme postura de Damián. Serio, las miraba con sus ojos de color esmeralda, frío la intimidaba con su presencia. ¿Cuánto tiempo llevaba escuchando? ¿Cuál era la verdad tras él y Ángel? El niño sonrió ligeramente, sin despegar los labios.

1 comentario:

  1. Queremos la continuacion, no nos tengas mas en expectacion.

    Davi D. Sev

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